Las tres preguntas

Las tres preguntas

Hay días en que nos sentimos exhaustos como si lleváramos caminando días y días sin pausa. Entonces las dudas nos asaltan y el miedo a equivocarnos y a tomar decisiones nos paraliza. ¿Cuál es el momento idóneo? ¿Qué personas son más adecuadas? ¿Cómo no equivocarme al decidir qué es lo más importante?

Hace un tiempo encontré las respuestas en un pequeño cuento filosófico de Tolstói, Las tres preguntas. Un texto que os recomiendo para leer de vez en cuando por la sensatez con la que te muestra el camino para vivir intensamente. 

Anoche después de un día ajetreado, mientras lo releía pensaba en lo simple que es todo en realidad y lo que nos gusta complicarnos la vida, la de trampas que nos ponemos y que nos impiden alcanzar nuestro potencial. Nos pasamos demasiado tiempo planificando un futuro, o peor, llorando un pasado. Buscamos y rebuscamos respuestas a nuestras inquietudes, nos perdemos a la deriva, vamos a parar a lugares equivocados y nos quedamos más tiempo de la cuenta. Y por el camino, quizá oculto tras la confianza o fruto de una seguridad ilusoria,  no prestamos toda la atención que deberíamos a aquellos que tenemos cerca.

Sólo hay que salir a la calle o navegar por internet para darse cuenta que, igual que en la historia del zar, siempre hay “sabios” predispuestos a darnos el remedio a nuestra indecisión. Estamos rodeados de “soluciones”, nos venden que debemos planificarnos y actuar estrictamente de acuerdo con lo fijado, que es imprescindible saber de esto y aquello, nos creamos necesidades disfrazadas de pasiones y nos perdemos entre millones de mensajes fugaces. Y pese a ello, ahí seguimos, sin saber qué decisión tomar.

“Recuerda que el momento más adecuado es sólo uno, ahora, y es el más importante porque sólo en él somos dueños de nosotros mismos; la persona más importante es aquella con quien te encuentras ahora, porque nadie puede saber si podrá tratar con alguna otra persona; y la tarea más importante es hacerle el bien, porque sólo para eso ha sido enviado el hombre a esta vida.”

Así de sencillo nos resuelve tanta confusión el ermitaño del bosque al que recurre el zar en busca de respuestas. Y así de sencilla me gusta pensar que puede ser la vida. Una vez somos conscientes del verdadero valor de cada momento y estamos atentos al aquí y ahora todo lo demás deja de tener importancia.

Y tú ¿Qué piensas? ¿Tienes la misma sensación de que la vida es mucho más sencilla? ¿Conocías este cuento? Te espero en los comentarios.

 

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